• JC Igartua

¡GUILLERMO "CHATITO" ORTIZ RELATA SU VIDA!



Los que tuvimos la dicha de ver jugar a Guillermo “Chatito” Ortiz, somos fieles testigos de la devoción que la afición de Necaxa le profesaba.

Dueño de una zurda privilegiada y un espectacular remate de cabeza fue un insustituible en la década de los sesentas, pero sobre todo fue un Idolo , un gran representante de lo que significa ser necaxista.

Hijo de Marcial Ortiz, el famoso “Ranchero” de los “Once Hermanos”, lucho desde niño en las fuerzas inferiores necaxistas para ser reconocido por sus propios méritos y dejar de ser “El hijo del Ranchero”, y lo logro, y lo logro con creces.

Lamentablemente, el 17 de diciembre de 2009 a la edad de 70 años falleció víctima de un cancer de garganta .

Pero el “Chatito” Ortiz nos dejo ademas de recuerdos imborrables para todos los necaxistas, su autobiografía que hoy tengo el gusto de compartirles.


EL “CHATO” ORTÍZ RELATA SUS MEMORIAS:

MI VIDA: EL FÚTBOL MI EQUIPO: EL NECAXA


Es sábado por la tarde y no tengo nada que hacer. Abajo en el patio del vecindario los muchachos juegan al fútbol, ni siquiera están completos y su pelota ya esta muy vieja.., ¡pero como le echan ganas y que entrones son! Eso me recuerda mi infancia, cuando empecé a dar mis primeras patadas allá en la Colonia Asturias; estaba muy chico y jugaba con puros grandes. Me acuerdo que jugaba con nosotros un jugador del América que se llamaba Pedro Mapomé; también cascareaba con Pancho Hernández, que vivía por la cuadra. Todas las tardes nos salíamos y ahí nos juntábamos seis, ocho, diez, los que fuéramos y hacíamos los equipos y jugábamos por los refrescos. Había que “echarle el resto”, pues no queríamos perder y francamente no lo hacia tan mal. No se porque, pero me hice de mucha fama allá en la cuadra y luego luego me escogían, a pesar de que era el mas chico de todos.

Pero ahora los tiempos han cambiado, aquí estoy sin poder jugar, todavía no me repongo de aquella lesión contra el Cruz Azul. El “llegue” fue duro pues el doctor me dijo que tenia rotos los dos meniscos y todos los ligamentos de la rodilla, además tenia roto el “disquito” que esta deteniendo por abajo el fémur. Así que estoy amolado, todavía no se ni cuando podre volver a entrenar nuevamente. Me dijeron que fue Ibarra…pudo haber sido él o cualquier otro, el caso es que estoy aquí sin poder hacer nada; lo único que hago es recordar viejos tiempos al ver a aquellos chamacos echando cáscara.

Yo, de plano, estaba predestinado para jugar al fútbol. Desde antes de que naciera, ya en mi casa se hablaba de puro fútbol. Mi papa Marcial Ortiz, jugaba en el Necaxa, en el de los “once hermanos”, y como tenían tanta fama, pues todo el día estaban dale y dale con el fútbol. Para colmo de las cosas, yo nací en el mero Campo Necaxa, un 20 de junio de 1939, y ya desde que era de biberón, oía los gritos frenéticos de los hinchas del Necaxa.

Estuvimos viviendo en el Parque Necaxa como cinco años. Después vino el profesionalismo en el fútbol y desaparecieron los “once hermanos”, y mi padre dejo el fútbol, aunque toda la vida se la ha pasado hablando nomas de ese tema. Ya ni me gusta hablar con él de fútbol porque siempre salimos peleados. Reconozco que él fue un gran futbolista y que su experiencia es mayor que la mía, pero -como se decía antes-, los tiempos han cambiado y ahora no se juega el mismo fútbol que antes. Cada vez que a mi no me salen las cosas bien, mi padre se sienta conmigo en el comedor y empezamos a discutir, de que los goles, de que las tácticas defensivas, de que hoy ya no le echan ganas…total, que terminamos empatados, pues tanto mi papa como yo, tenemos la razón, solo que sostenemos puntos de vista diferentes.

Pues dejamos el Parque Necaxa y nos fuimos a vivir a la colonia Algarín, en Hernández Dávalos 13, ahí vivimos como siete años y yo ya empezaba a patear las bolas instigado por mi padre que siempre deseo que yo fuera buen futbolista. Pero fue en la colonia Asturias cuando empecé a agarrar el fútbol casi de vicio. Fue cuando jugábamos con Mapomé, con Pancho Hernández y con todos los del barrio disputándonos los refrescos.

También en el colegio jugué un poco. La primaria la hice en dos escuelas: primero en la Basilio Badillo, de la colonia Asturias, y después en la Belisario Domínguez. De ahí pase al Poli, a la Pre vocacional 5, pues yo deseaba ser ingeniero, todavía no decidía que rama de la ingeniería seguir, pero yo quería ser ingeniero.

De la pre vocacional pase a la vocacional, allá en la Calzada de los Gallos, la escuela tenia una cancha de futbol, pero ahí todos andaban con la calentura del futbol americano, y como a mi siempre me ha gustado jugar cualquier deporte, pues le entre al americano. Yo jugaba de ala izquierda y ahí estuve hasta que me Salí del Poli cuando estaba en segundo año.


Ya para entonces jugaba fútbol en forma organizada. Mi padre me presento con el tapatío Meza y el me metió en la segunda infantil del Necaxa. Mi padre conocía bien al tapatío, pues mientras este entrenaba a las fuerzas inferiores, mi papa entrenaba a la reserva especial, en donde estaban Jaime Salazar y Eduardo Colmenero, que mas tarde serian compañeros míos, en mis primeros años como titular del Necaxa.

Guillermo Meza ha sido uno de los hombres que mas me han enseñado en mi carrera futbolística.

Nunca podre olvidarlo. Me puso de defensa lateral izquierdo y ahí estaba yo tratando de que no pasaran los delanteros. A mi me daba igual jugar en cualquier puesto, pues lo que me gustaba era el fútbol y ya. Yo pienso que arriba o abajo o en la puerta uno tiene las mismas oportunidades de lucirse.

Pues fui defensa y lo seguí siendo cuando pasé a primera infantil y luego a segunda juvenil. En primera juvenil me pusieron de medio izquierdo y fue entonces cuando me empezó a gustar el asunto del gol.

A pesar de que era medio, metía muchos goles, y a mi me gustaba estar por ahí cazando las oportunidades de meter un gol.


Pase después a la juvenil especial, bajo las ordenes de García Méndez, primero, y después, del Chato Hidalgo y el Abuelo Camarena. Empecé a jugar en la delantera, de extremo izquierdo y yo seguía metiendo goles.

Ta en la reserva especial, era yo interior izquierdo y hasta la fecha sigo jugando en esa posición, aunque hoy parece que le llaman ya “punta de lanza”. Casi todos creen que los “punta de lanza” solo están para meter goles y luego la critica dice que uno anda mal porque ya no mete goles, y cuando uno juega mal pero logra meter por ahí algún gol, ya se salvo de los malos comentarios. Para mi que no; yo he jugado muy buenos partidos en los que no he anotado un solo gol y a pesar de eso, me he sentido muy a gusto conmigo mismo.

El día de mi debut andaba un poco nervioso. Fue allá por 1959, en Guadalajara, en el campo de Oblatos. Jugamos contra el Atlas y perdimos 5-3, pero yo ya me sentía jugador de primera división. Todo el mundo me conocía como el hijo de Marcial y cuando se referían a mi, hablaban mas de mi padre que de mi persona. Me propuse labrarme una personalidad propia y hacer méritos con los cuales yo me identificara de una manera mas directa con la afición.


Y parece que lo logre, pues un tiempo después de mi debut, ya andaba sonando yo en las preselecciones. Yo tenia mucho la ilusión de ser seleccionado y como me dio gusto cuando me comunicaron que estaba en la lista de los seleccionados que jugarían contra Holanda. Fue entonces cuando empezaron mis lesiones; el domingo anterior al juego contra Holanda, jugamos contra el Toluca y yo me lesione; total, que Salí de la selección y me quede con las ganas.

Pero al año siguiente me volvieron a seleccionar para ir a Europa. Yo estaba feliz porque, aunque iba como reserva, tendría la oportunidad de conocer países diferentes y ambientes distintos. Cuando estaba yo en la juvenil del Necaxa, me seleccionaron en el equipo del DF en tres ocasiones: La primera vez fuimos a León, y la segunda, a Colima; me ponía feliz cuando en aquellas ocasiones salía de viaje para ir a jugar fútbol en otros lares, pues ahora que iba a cruzar el mar y a estar viendo costumbres diferentes e idiomas raros, imagínese como estaría.

Yo creía que nomas iba estar de mirón, pues junto con Quintanar éramos los novatos de la selección; sin embargo, el señor Trelles, en el segundo tiempo del partido contra Holanda me mando que entrara a la cancha. Ya no tiempo me dio de ponerme nervioso y derrotamos a los holandeses en su propia salsa. Después en Noruega, solo jugué los últimos quince minutos, ahí si estaba nerviosísimo, pues el partido iba empatado y me toco jugar la parte mas pesada del encuentro. Ya no volví a jugar en aquella gira, pero el caudal de experiencias que me traje de aquel viaje han sido inolvidables.

Mientras seguía jugando en el Necaxa. Cada año que terminaba un campeonato, los periódicos empezaban a hablar de que me iba del Necaxa, que ya no quería jugar, que pedía mucho dinero…siempre lo mismo. Resulta que siempre firmaba con mi club. Yo pienso que va ser muy difícil que me vaya del Necaxa. El Necaxa ha sido mi equipo desde antes que naciera y a mi me unen ligas muy significativas con el equipo rojiblanco. Además, me pagan bastante bien y yo puedo trabajar y conseguir un sueldo extra, que tampoco es malo. Si un equipo de provincia me adquiere, tendría que pagarme un sueldo superior a lo que gano actualmente, cosa que seria muy difícil, por tanto, creo que me moriré jugando en el club que fue de mi padre y que ahora considero mío.

Después vino el asunto del Mundial de Chile. Otra vez fui seleccionado y en los partidos de practica, previos al viaje, tuve una racha bastante buena. Fuimos a Colombia y metí dos goles. Después aquí en México jugamos contra el América de Rio y aunque no anote goles, Ha sido uno de los partidos mas inolvidables de toda mi vida.

Luego jugamos contra el Karlhuse de Alemania y ganamos 4-0 con tres goles míos. Al Herediano de Costa Rica, le ganamos 1-0 y yo metí el gol, a un combinado brasileño lo derrotamos por 2-0 y los dos tantos yo los hice. La prensa decía que estaba en el clímax de mi carrera, pero creo que no es cierto; simplemente pasaba por una buena racha y ya, pero aquí en México confunden mucho a los goles con la calidad y eso tiene sus peros. Yo tenia la ilusión de consagrarme en el Mundial de Chile, pero eso no se pudo porque unos días antes del viaje me lesione seriamente. Y aunque me fui al Mundial en silla de ruedas, lo hubiera disfrutado mas, si hubiera jugado al menos un partido.

Tuve nuevamente oportunidad de salir al extranjero cuando el Guadalajara me pidió como refuerzo en su viaje a Europa. Es muy distinto una selección a un equipo y ahí me sentí muy a gusto. Conocía a casi todos los jugadores y nos acoplamos bastante bien. El señor De la Torre es un magnifico entrenador y me entendí muy bien con todos, pero, sobre todo, con Salvador Reyes. Este segundo viaje a Europa me maduró bastante como futbolista, pero lastima que cuando uno ya tiene muy bien asimilado el fútbol aquí adentro, empieza a fallar lo de afuera.

Y ahora sigo aquí, sentado y hojeando el álbum de mis recuerdos. Lo he titulado “El fútbol y yo”, porque considero que el fútbol ha sido mi vida y en ella, el Necaxa ha sido mi equipo. Todavía escucho allá afuera, en el patio, los murmullos de los muchachos que no cesan de jugar al fútbol; quizá alguno de ellos siga la misma senda que yo he cruzado y que todavía no acabo.

¿Qué me deparara el futuro? Aun no lo se. Por lo pronto, a esperar que sane esta lesión y después volver a entrenar nuevamente en el Necaxa y a recuperar el camino perdido. Se que puedo hacer mas de lo que hasta ahora he hecho y estoy decidido a hacerlo.

Dios me ayudara…y yo también.

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