Ave Fénix ¿hidrocálida?
Miércoles 5, Mayo 2010
Parecía que todo estaba acabado, que el fondo del abismo era una cotidianeidad y no había futuro. Lágrimas múltiples abarcaban buena parte de Aguascalientes, y aunque no pareciera, buena parte de la afición que ama el fútbol desde su esencia, gente vieja o herederos de una tradición antigua, que estaban desencajados y deprimidos.
Hinchas que se escondían ante el maltrato pero que al tiempo en que se percataron de la falta de su estandarte –el equipo- salieron a recordar la época de oro de su club. Todo se había consumido: las esperanzas, la pasión, el amor… el fútbol.
Pero las cenizas tenían algo preparado hasta para el más incrédulo de los escépticos. Con base en trabajo y entrega, el cambio vino de la mano con el triunfo. La comodidad quedó de lado y desde los escombros se erigió una cara nueva de hambre, de ganas, de ambición y anhelo de Primera División. Necaxa está de regreso. Extendió sus alas sin miramientos y con magnificencia. Está a un paso de estar en el lugar que le pertenece.
Tres a cero fue el resultado de la ida en el Estadio Victoria. A su rival, que no despierta de los ocho años de sueño profundo llamado Liga de Ascenso, le pasó por encima y se vio sumamente superior. Parece que la vida le ha traído el reconocimiento merecido al demostrar cariño por su afición y menos apego al negocio.
Esta ave podría vivir eternamente, regresar a los primeros planos y, por qué no, evocar la última década de éxitos del equipo surgido desde la electricidad nacional. Podría aceptar su grandeza y recrear su historia representativa del fútbol mexicano. Podría hacer tantas cosas de manera independiente… pero ojo, la autonomía debe venir de parte de su intención y no de los factores externos que justamente lo condujeron a la ruina.
El arbitraje de ayer no sólo fue devastador para el León, sino muy controversial. Faltas divididas, errores grotescos y expulsiones cuestionadas. La deuda de Necaxa, además de ser directamente con su público, es con la esfera que lo conduce a ellos y a la Federación que maneja los hilos de la organización del balón.
Justo o no, el fénix rojiblanco extendió sus alas sobre un equipo que parece maldito en la división de ascenso. Cinco finales en Primera A y nada. Tres campeonatos que lo llevaron al último peldaño para subir a la división máxima, y nada. Y ahora, que parecía tomar la oportunidad por el mando y regresar al lugar que le pertenece, aparentemente se queda varado, otra vez.
El Ave Fénix se vistió de Rayo y no de verde. Parece tronar fuerte, generar tanta electricidad que destella la oscuridad en la que se encontraba sumergida. El ave milenaria tiene ahora la tarea de resurgir para el bien propio y no como el cumplimiento de un compromiso, de un pacto con el “destino” escrito por los titiriteros que los sepultaron hace un año.Es hora de comprobar el momento, que las alas despeguen el vuelo con rumbo fijo y con argumentos sólidos. El Nou Camp tendrá la última palabra en esta Liga de Ascenso.




